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Ejemplos de Adjetivos Posesivos


Los adjetivos son palabras que tienen por función modificar a un sustantivo, es decir, agregar información acerca de aquel. A menudo se piensa que los adjetivos se limitan a describir las propiedades o características físicas de los objetos, los seres vivos  o los lugares que se mencionan en el discurso, por ejemplo, las relacionadas con la forma, el color, el tamaño u otras vinculadas al aspecto. Sin embargo, los sustantivos en determinados casos son afectados por adjetivos que no los describen, sino que los identifican en el sentido de pertenencia, al vincularlo con el hablante: estos son los adjetivos posesivos, cuya intención es solo indicar a quién pertenecen.

Así por ejemplo, cuando decimos ‘mi nuevo pantalón’ estamos agregando doble significación al adjetivar dos veces al sustantivo “pantalón” con “mi” y con “nuevo”: este último adjetivo lo describe o lo califica (al menos en un sentido, el del grado de uso que ostenta ese pantalón), el anterior (“mi”) indica la pertenencia: ese pantalón es mío y de ningún otro. Entonces se suman a la precisión dada al sustantivo la que aporta el adjetivo posesivo y la que aporta el adjetivo calificativo.

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Como con el resto de los adjetivos, debe existir concordancia en género y número con el sustantivo al que aluden. En el ejemplo mencionado de ‘mi nuevo pantalón’,  este posesivo resulta invariable en cuanto a género (ya que lo mismo sería si la oración fuera con un sustantivo femenino, como se advierte en la frase “mi nueva pollera”), pero no en número (ya que habría que decir “mis nuevos pantalones”).

No debe confundirse al adjetivo posesivo con el pronombre posesivo, aunque muchas veces se trate de la misma palabra: la diferencia está en que mientras que los adjetivos modifican al sustantivo, los pronombres directamente los sustituyen. Visualicémoslo a través de la siguiente oración: ‘Su sistema político es muy personalista, el nuestro es más horizontal’. Esta frase comienza con un adjetivo posesivo (‘su’) que refiere al sustantivo ‘sistema’; después de la coma, en lugar de repetir ese sustantivo se ha escrito ‘el nuestro’, obviamente refiriéndose a ‘nuestro sistema’: allí, ‘nuestro’ está funcionando como pronombre posesivo. Si, en cambio, digo: “Nuestro hijo ha crecido”, la palabra “nuestro” funciona como adjetivo.

No hay una cantidad indeterminada de adjetivos posesivos, por el contrario estos son veintiséis: mi, mis, tu, tus, su, sus, nuestro, nuestra, nuestros, nuestras, mío, mía, míos, mías, tuyo, tuya, tuyos, tuyas, suyo, suya, suyos, suyas, vuestro, vuestra, vuestros, vuestras.



Algunos cumplen más de una función, y en el español rioplatense casi no se utilizan los últimos cuatro. En cuanto a oraciones con adjetivos posesivos,  pueden citarse como  ejemplos: ‘mi cuarto está sucio’, ‘este lápiz es tuyo’, ‘nuestra casa está en venta’, ‘esa radio es mía’, ‘sus padres se enojarán pronto’, ‘ese perro mordió a mi hermano’, ‘con su permiso, me retiro’.

Algunos gramáticos distinguen entre adjetivos posesivos débiles (mi, su, tu), siempre antepuestos a los sustantivos y con menor énfasis en la pertenencia,  y los fuertes (mío, suyo, tuyo), pospuestos al sustantivo y que hacen especial énfasis en la pertenencia (ejemplos: “un amigo mío”; “un sobrino suyo”, “este libro es mío”).  En español, el adjetivo posesivo débil coincide con el adjetivo posesivo fuerte en la primera y en la segunda persona del plural (“nuestro” y “vuestro”, respectivamente).

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