Ejemplos de analogías

La analogía es un recurso retorico utilizado para formular comparaciones entre dos aspectos de dos o más cosas, ideas, u objetos, con un objetivo expositivo, ejemplificador, y que sirve para representar la similitud de cualidades en relación a diversas cosas. Por ejemplo: “Las alas de los pájaros son como los brazos humanos”, “Las horas son el tiempo como las notas son la música”, “Las risas son la alegría como las lágrimas la tristeza”.

Las analogías tienen un uso muy cotidiano, y pueden ser empleadas para magnificar o resaltar una cualidad o para degradarla. Es una relación que los individuos construyen de semejanza o similitud para representar el mundo de las ideas, los objetos y las concepciones.

Tipos y ejemplos de analogías

  • La Alegoría. Este tipo de analogías son muy utilizadas como recurso educativo en general, para representar en un mundo real aquellas ideas que originalmente son abstractas, o que no poseen cuerpo para poder ser entendidas. La más conocida de las alegorías occidentales es la “Alegoría de la caverna”. Otro ejemplo de alegoría, puede ser la poética:
  1. “la alegoría no es más
    que un espejo que traslada
    lo que es con lo que no es,
    y está toda su elegancia
    en que salga parecida
    tanto la copia en la tabla
    que el que está mirando a una
    piense que está viendo entrambas”
  • Comparación: Conocido también como símil, la comparación es el recurso más utilizado, sobre todo cotidianamente para ejemplificar lo que queremos expresar cuando no se nos es entendible un concepto, o no llegamos a comprender su magnitud. Suelen utilizarse para su construcción conectores como “es parecido a” o “como tal”. Algunos ejemplos son:
  1. “Tu cuerpo como el viento, se desplazó sigiloso por la habitación”
  2. “Aquellas manos frías como hierro (…)”
  3. “Su piel era tan áspera, parecida a una roca”
  4. “La hierba nos encontró tendidos y dispersos como semillas en el campo”
  • Metáfora. Tiene la característica de establecer la relación entre dos conceptos que deben ser nombrados para poder referirse al otro, es decir, que existe una relación de semejanza que se establece para clarificar de qué se está hablando. La metáfora también puede utilizar conectores, pero es más usual encontrarla como una oración construida, inseparable del término al que quiere simbolizar:
  1. “Tu piel huele a rosa”
  2. “Haces que mi corazón estalle”
  3. “El transito hoy es un infierno”
  4. “El aire dulce de la mañana”
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